Cuando alguien te utiliza una y otra vez, no es culpa de esa persona, sino de tu falta de valentía a la hora de poner límites. Y esto puede extrapolarse al ámbito familiar, laboral y/o social.
Así de contundente me gustaría comenzar el artículo de hoy donde quiero hablaros de esas falsas amistades que acampan en nuestras vidas y que muchas lo hacen sin pudor alguno. Hombre y mujeres que exprimen tu paciencia y buen corazón, solo con el único objetivo de conseguir algo.
Y es que la definición de “AMISTAD” (Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato), queda muy lejos de lo que estas personas ofrecen.
Te mentiría si dijera que no me ha ocurrido nunca, pero mi experiencia en este tipo de asuntos me lleva a recordar a algunas con nombre y apellidos que me enseñaron a valorarme tras su comportamiento. Y es que nada en esta vida ocurre por casualidad.
¿Cuántas veces nos ha pasado que alguien disfrazado de amigo/a te pide mil favores, y cuando lo haces desaparece o hace como si no le importaras con burdas excusas?.
No se si llegamos a ser conscientes de ello o no, o directamente escondemos la cabeza para no reconocer que nos usan una y otra vez por el simple hecho de que nosotros no haríamos lo mismo.
Ahondando en el asunto, ¿No será que estamos regalando nuestra amistad a cualquiera?. En los últimos tiempos parece que se nos llena la boca diciendo que tenemos amigos, amigas, pero la realidad es muy distinta. Este título se gana con hechos demostrables, y nos con palabras que se lleva el viento o se producían en momentos de euforia. Es cierto eso que dicen que “cada uno da lo que tiene, aunque no todos tienen lo mismo para dar”. Y ahí radica la cuestión.
Vaya por delante que estas líneas NO van dedicadas a nadie en concreto (aunque si alguien se da por aludido es pura casualidad), si que me apetecía escribir sobre este tema al hilo de conversaciones mantenidas con algunos allegados en estos días y actitudes vividas en los últimos años que me hacen abrir los ojos y ser más selectiva a la hora de tener amistades. Gracias a Dios tengo pocas pero de las cuales me siento muy orgullosa de todas y cada una de ellas, las mismas que me han demostrado en lo bueno pero por desgracia en lo malo que siempre están. Esas que aunque si no habláis todos los días, solo basta con levantar el teléfono y ahí están. Sin excusas, sin rodeos, siempre al otro lado con su mejor sonrisa.
Antes de despedirme, me apetece lanzar una pregunta al aire ¿Qué es para ti la amistad y cuántas personas te han demostrado que son tus amigos/as?. ¿Se han beneficiado de tu bondad?. Me encantaría leerte o escucharte (hablamemucho.podcast@gmail.com). Poder contar tu historia en el próximo podcast de “Háblame mucho”. La idea es que te desahogues conmigo.
Te espero.
Un beso y gracias por seguirme.