A ellos que confiaron en mí …

He dejado correr el fin de semana porque a nivel laboral y personal, mi vida no ha dado para más. Casi no he tenido tiempo de descansar. Hoy lunes, aunque no exenta de trabajo, no he querido dejar pasar más tiempo para agradecer la confianza que depositó en mí la Hermandad de Desamparados de San Fernando para la presentación del cartel anunciador de la Virgen de Las Mercedes, el pasado sábado 6 de septiembre. 

Una fecha que no voy a olvidar jamás por muchas razones. Entre ellas por los nervios previos pero sobre todo por la responsabilidad que conlleva un acto de esta envergadura para una persona como yo, que no es cofrade y que además vive la religión de manera muy particular. Y sí, soy creyente. Por si piensas que no, ejjejeej.

Lo dije, lo digo y lo seguiré diciendo mientras viva. No fui, no soy y no seré la persona adecuada para dirigirse a lo divino. Y aunque puede parecer falsa modestia, todos en nuestro interior sabemos para qué estamos preparados y para que no. Esto no quiere decir que mis palabras no fueran sinceras, creo que demasiado, pero para hablarle a ella solo me hace falta un momento a solas en la capilla o en la intimidad de mi habitación mirando al infinito.

Ha sido mi primera vez y ahora que ha pasado todo me siento afortunada de que haya sido con ellos porque me han sacado de mi zona de confort y me han dado una lección de vida. “Quién quiere puede”. Confieso que no quise aceptar este reto por miedo. Por miedo a no estar a la altura de una hermandad y de las personas que están al frente diciendo o expresando algo fuera de lo “normal” para ese mundo al que yo no pertenezco por decisión propia. Jamás pensé que estuviera delante de un atril para hablarle públicamente a Dios, a Cristo o la Virgen en la advocación que fuese, pero el cariño que les tengo, es lo que me empujó a hacerlo. Y simplemente por esa confianza de la que os hacía mención al principio de este artículo, y que ni yo misma tengo en mi.

Para mis queridos amigos de Desamparados, en especial a Antonio y a Jorge, solo puedo expresar palabras bonitas por cómo me tratan y me hacen sentir. Sus muestras de cariño me hacen ver lo afortunada que soy. Como dije el sábado, “en las pequeñas cosas de la vida que a veces pasamos por alto porque forman parte de lo cotidiano, ahí está Dios, ahí está María”. Osea que en ellos, está Dios y esta María. Tampoco quiero olvidarme de Mercedes, Leo, Merchi, Antonio, Afri, etc… quienes son parte activa de esta gran familia y que tanto aprecio.

Ahora que puedo a través de estas líneas virtuales, me gustaría alabar la labor desinteresada y en la mayoría de las veces callada que realizan estos hermanos no solo por poner a sus titulares en la calle cada Viernes Santo (lo que todo el mundo ve), sino por ese trabajo caritativo a las personas que más lo necesitan. Y no solo me refiero al litro de leche o kilo de garbanzos que pueda hacer falta en cualquier hogar, me refiero a la caridad que ofrece a esas personas hambrientas de fe y que con una charla o acción, reconfortan el alma de los más desamparados.

Sigo pensando que son los grandes desconocidos por aquello que son una “hermandad de negro”. Pero he de decir con conocimiento de causa que de luto serán sus hábitos pero de blanco visten sus corazones. Ojalá su cuota de hermanos se llene de personas comprometidas, devotas y fieles que quieran experimentar en primera persona lo que es la vida de hermandad a vuestro lado, más allá de sacar a los titulares en procesión o salir en representación “de”…

Bajo mi modesta opinión, esto no va de “modas”. Esto va de compromiso y de fe. No es fácil formar una familia, pero ellos poco a poco lo están consiguiendo. ¿Cómo?. Pues como sólo los creyentes saben hacerlo, confiando en Dios.

Deseo que la vida siga poniendo en mi camino a personas como cada una de ellas, que aunque no formen parte de mi día a día, siempre las siento a mi lado y el de mis seres queridos que me educan y son ejemplo de bondad y buenos cristianos.

Nuevamente, GRACIAS.

PD: Comparto con vosotro el magnífico cartel, obra de Rafael Granados.

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