No se que saldrá de aquí pero he de confesar que llevo más de una semana intentando escribir un artículo con motivo del Día de la Mujer, pero no encontraba las palabras correctas para explicar lo que me transmite este “8M” como lo llaman ahora. Eso, o que realmente no me atrevo a dar mi opinión porque no baila el agua al feminismo “rancio” que un sector de la población viene politizando y/o desvirtuando desde hace años, y que de manera arbitraria está imponiendo con calzador. Oye, que si además opinas lo contrario a ello, te señalan con el dedo. Pues qué queréis que os diga “a mi no me calla nadie”.

Soy de una generación que ha vivido los últimos coletazos de una sociedad marcada por la presencia masculina en la mayoría de los ámbitos y la paulatina liberación femenina tanto a nivel laboral como social. Me consta que nuestro papel en el día a día no fue fácil, y hacernos hueco en un “mundo de hombres” costó mucho, pero yo crecí con la fiel convicción, que mi esfuerzo y trabajo me llevaría a donde quisiese. Y eso se lo debo a la educación de mis padres y abuelos. Dos figuras muy representativas que marcaron una hoja de ruta en mí, para formar la mujer que soy hoy día.

Por un lado, mi padre. Un hombre trabajador desde que era un niño, dejándose las manos y la vista, renunció a vacaciones y horas de descanso para que no nos faltase nada. Sentando cátedra de que las cosas solo se consiguen peleando y dándote a valer. Siempre ha sido y es los pies y las manos de mi madre, en esas temporadas en las que tenía que cuidar de mi abuela en el hospital. Puedo sacar pecho diciendo que él es la definición perfecta de padre.

Por el otro, mi madre. Ama de casa por decisión propia y siempre está pendiente de todos. Una mujer por bandera que desde muy jóven sacrificó su vida por la ayuda mutua, cuidando a los dos seres que le dieron la vida. Aunque ella está muy orgullosa de ello, intuyo que en su interior ronda una pregunta ¿Cómo habría sido trabajar fuera de casa?. Pues seguramente hubiese sido una gran policía, profesión que adora gracias a su progenitor, o una magnífica doctora por sus conocimientos en medicina a consecuencia de los males de mi abuela, y por su indudable capacidad de asimilar conceptos a la hora de estudiar. Y es que en su juventud fue una gran estudiante, por lo que recibió méritos y premios por ello.

Como se suele decir, “eran otros tiempos”. No soy quien para valorar si mejor o peor que los que nos ha tocado vivir a los de mi generación, pero sí que en el caso de las mujeres hemos dado un paso evolutivo muy importante hasta situarnos donde estamos. Y eso se lo debemos a valientes que lucharon por una igualdad justa y real, que no se basa ni por asomo en las absurdeces que intentan imponernos de manera desproporcionada, y que flaco favor hacen a la memoria de las que sí sabían lo que eran las desigualdades. 

Bajo mi modesta opinión, el feminismo de hoy día parece gritar al mundo que somos débiles  e inferiores al sexo masculino. Y lo creo porque yo:

❌No quiero privilegios frente a un hombre. Quiero las mismas oportunidades, ya sea en una prueba física como a la hora de opositar para un puesto de relevancia.

❌ A mi no me define como mujer el lenguaje inclusivo. La verdadera inclusión llegará cuando un invidente pueda pedir en un restaurante con una carta en braille, por citar algún ejemplo con sentido común.

❌ No comparto la existencia de las listas cremalleras. (50% hombres y 50% mujeres). ¿No sería más conveniente hacernos con las personas más preparadas y con experiencia?. Da igual si hay más mujeres que hombres en el listado. Tenemos que buscar la excelencia para crecer.

❌ Mucho se habla del techo de cristal o de la brecha salarial, pero en lo que a mi respecta ninguna de las dos han tenido cabida en mi vida. Y con esta afirmación, no quiero poner en tela de juicio la versión de aquellas que padecen estas calamidades frente a empresas sin escrúpulos. 

❌ No he recibido trato vejatorio por el simple hecho de ser mujer como he oído en alguna que otra ocasión. Si he pasado por ello, puedo afirmarlo con rotundidad que ha sido a partes iguales de ambos sexos porque mala gente hay en todas partes.

… Y así un largo etcétera que nos confunde y nos lleva a generalizar con un tema muy serio como es la igualdad entre hombres y mujeres, y que no hace más que crear rivalidad entre unos y otros. 

¿Por qué? Pues no lo sé y tampoco quiero pensar mal, pero en el momento en el que las reivindicaciones o ideales, presuntamente tienen cierto tufillo político o las sustenta una cifra económica, tarde o temprano tienden a desmoronarse. Y para cuando queramos darnos cuenta, ya será demasiado tarde. No nos dejemos engañar.

No pequemos de lo que tanto nos hizo llorar, padecer y criticar. Unamos fuerzas entre todos para construir un futuro mejor. Y hagámoslo predicando con el ejemplo para que los más pequeños que son como esponjas, se empapen del verdadero sentido de IGUALDAD.

Sí solas llegamos lejos, imagínense si nos unimos a ellos.

Cada 8 de Marzo, a mi me enseñaron en el colegio el valor de numerosas mujeres que a lo largo de la historia han destacado por sus proezas en el campo en el que desempeñarán su labor. Hacíamos un verdadero homenaje a todas ellas. Nombres como Marie Courie, Virginia Woolf o Clara Campoamor, impulsora, esta última,  del voto femenino y que gracias a ella, las mujeres podemos votar en la actualidad; sirvieron como inspiración para muchas de nosotras.

Pienso que no hay mayor celebración que poner en relieve todo, lo bueno que se ha conseguido con historias que inspiren a seguir luchando por llegar lejos y cumplir nuestros sueños.

No soy modelo ni ejemplo de nada pero me siento muy satisfecha de cómo soy y todo lo que he ido consiguiendo a lo largo de mi vida. He peleado con uñas y dientes por cumplir mis objetivos a pesar de las adversidades, las mismas que me han hecho más fuerte y me han sabido poner los pies en la tierra. Espero seguir cumpliendo metas, porque si Dios quiere, me queda mucho por aprender y recorrer.

Me siento muy orgullosa de ser MUJER, y sobre todo por descender de dos grandes. Una quien me dio la vida, y otra la que se la dio a ella.

¡Gracias!

¡Feliz día!.

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