Como cada primer domingo del mes de mayo se celebra el Día de la Madre. Una jornada en la que las flores, bombones y artículos de regalo son la tónica dominante de esta fecha que todo el mundo marca en rojo en el calendario. Eso sin contar las fotos acompañadas de frases de aliento, agradecimiento y cariño que inundan las redes sociales.
Pues bien, yo no voy a ser menos. Hoy quiero dedicar este espacio en mi blog a quién me dió la vida. Una mujer fuerte y valiente que lo ha dado todo por los demás quedándose siempre en un discreto segundo plano. No se si por la educación que recibió o porque es innato en ella que su objetivo en la vida siempre haya sido (y a esta estas alturas nadie le va a hacer cambiar de opinión), cuidar de los demás.
Es la preocupación en persona, Vive en alerta por y para todos. Ya sean hijos, maridos, hermanos, sobrinos o yerno. Una vida que no es vida, ya que se le olvida lo más importante y esencial, mirar por ella. Porque como dice una frase muy sabía “si no te cuidas a ti primero, no puedes cuidar de los demás”. Y mirar por uno mismo, por mucho que le cueste entenderlo, no es egoísmo, es sentido común.
Aunque muchos no entiendan su forma de ser o esa sobreprotección por aquellas personas que ama, no deja de ser un instinto maternal y primitivo de control para no sufrir males mayores. Solo quién experimenta esa sensación en sus propias carnes lo comprenderá. Y vuelvo a tirar de frases míticas “Cuando seas madre me entenderás”. Algo muy recurrente que nos han dicho nuestras progenitoras en más de alguna ocasión. Y aunque bien es cierto que no todas las madres son iguales y que por preocuparse más no van a querer más, he de decir que bajo mi modesta opinión, esa forma de ser que tiene la mía me enseña algo muy valioso que hoy día parece que se está perdiendo en todos los ámbitos de la vida “LO QUE SE QUIERE SE CUIDA”. No hay más, así de simple.
A lo mejor yo la entiendo porque soy igual que ella. Heredado o aprendido, me da igual. Me siento bien orgullosa de tener a alguien que se preocupa por mí aunque tenga 40 años y ya no sea una niña. La única pena que me da, es ver ese sacrificio que sigue haciendo por todos impidiéndole disfrutar de la vida como se merece.
Si volviera a nacer solo pediría una cosa: que volvieras a ser mi MADRE. Me sobran motivos para sentirlo así y agradecerte que siempre estés a mi lado. En lo bueno y en lo malo. Hasta el día que me muera seguiré recordando con lágrimas en los ojos un momento caótico que tuviste que vivir por mi culpa y es en aquella habitación de UCI al despertar las primeras palabras que pronuncié fue “mami”.
Me siento dichosa de haber tenido dos madres. Por un lado mi abuela que me crió junto a ella como una hija, y por otro tú mamá que seguro que estás leyendo este artículo que te dedico con todo el amor del mundo.
Que nunca olvides lo mucho que te quiero y te amo pero sobre todo lo que vales por dentro y por fuera. Si eres guapa a rabiar imaginate como eres como persona. Un ángel en la tierra que a toda persona le gustaría tener a su lado.
Buena hija, hermana, madre, tía y suegra. Lo tienes todo. Eres una MUJER con mayúsculas.
Eres mi bebé.
Feliz Día de la Madre.


